Espero que les guste..!

EPOV------------------
Maldito hospital, llevaba toda la tarde despierto no podía dormir ni descansar. La necesitas ahora susurro aquella voz en mi cabeza, siempre presente, como un demonio que me carcomía. Mis musculo estaban tensionados y causaban un fuerte dolor que era irritante. Las nauseas eran incesables y el maldito olor no mejoraba la situación.
-Señor Cullen, su padre ha llegado- la misma cirujana de la mañana, llego, había venido unas cuantas veces y me miraba con repugna algo que era también irritante.
-¿Que quieres?-
-El doctor Cullen llego y quiere verlo- dijo con el ceño fruncido.
-Dígale que no pase- dije dándome vuelta, pude escucharla bufar irritada.
-No hay problema Bella- escuche la voz de Carlisle detrás mío y voltee molesto.- Edward ten una mínima cordialidad con ella- dijo Carlisle podía ver la decepción y el enojo en su voz que estaba camuflado por su natural amabilidad.
-No hay problema Jefe Cullen- dijo la cirujana.
-No, si lo hay- dijo Carlisle molesto – Edward ella es la cirujana Isabella Swan, es de las mejores cirujanas en el hospital, Edward, y como tu padre te exijo que seas más amable con ella-
-Bien- dije molesto.
-Jefe Cullen no hay la necesidad – susurro Swan.
-Carlisle por favor Bella- dijo Carlisle con amabilidad, estúpida cirujana perfecta.
-¿Me puedo retirar?- pregunto ella.
-Seguro Bella- dijo Carlisle dándole una sonrisa tranquilizadora esta bajo la cabeza avergonzada y se retiro.
-No pienso hablar contigo esta vez- dijo Carlisle molesto.
-¿Y tú crees que yo sí?- dije con burla, Carlisle frunció el ceño.
-¿Qué te pasa Edward? ¿Como puedes hacerte este daño?- bufe molesto mirando a cualquier lugar menos su mirada, podía escuchar el dolor en sus palabras pero ya era muy tarde – Mírame- me ordeno y lo ignore – Te estoy hablando Edward Cullen, mírame, ¡ahora!- su voz sonó furiosa más de lo normal lo mire con la misma ira.
-En cuanto te recuperes iras aun centro de rehabilitación! lo quieras o no!-dijo Molesto, ni mierda me voy a esos loqueros.
- Estas loco si piensas que voy a permitir que me lleven a esa mierda- dije molesto.
-Lo quieras o no- escupió molesto y se marcho aferrándose al picaporte con ira.
BPOV--------------
Estaba totalmente indignada a una situación que me era totalmente ajena. Como aquel niñito caprichoso podía ser tan frio, tan insoportable, tan… desconsiderado. Esa era la palabra correcta para describir a Edward pensé asqueada, no podía evitar sentirme repugnada cada vez que lo veía.
Era guapo, pero su frialdad y falta de consideración lo hacía la peor persona que jamás había conocido, había tenido pacientes petulantes, insolentes y petulantes pero ninguno como Edward Cullen.
Había ordenado a Jamie que vigilara al “mocoso”, y me quede revisando el historial médico de Edward tendría que estar pendiente de él, estaba en su caso y no se me permitía salirme del, el hospital tenía una estricta política acerca del compromiso del cirujano a paciente, malditas reglas.
No tenía tan mala salud, unas fracturas en su niñez, le dio dengue a los nueve años, nada serio hasta los dieciséis donde fue internado tres veces en clínicas de rehabilitación en Chicago, hubo varias clínicas de rehabilitación durante los siguientes diez años. Oh, Edward Cullen tenía mi misma edad, que desagradable coincidencia, camine hasta su habitación, me sorprendió encontrar la puerta entreabierta.
Nada, fue lo que vi cuando entre a su cuarto, nada más que la habitación con los implementos, el equipo médico y la camilla, respire profundo.
-¡Stevens!-grite con fuerzas, en un minuto Jamie estaba dentro con clara expresión de horror y confusión, miro la camilla y me miro con miedo - ¡Quiero saber donde está el paciente!- dije con furia.
-Yo…-dijo Jamie titubeando – fui a comer algo Doctora Swan y…-
-¡Desapareció como si nada! ¡Sabes cuantos problemas vamos a tener que lidiar si no encuentras a ese paciente!- dije masajeándome las sienes – Quiero que busques al paciente, yo me encargare de informarle al jefe y de buscar a Ulley para que también busque a el paciente- dije bastante molesta, Jamie se quedo estático ante mi furia - ¡Ya!- salió disparado por la puerta cuando me di vuelta encontré al mismo Doctor Cullen.
-Jefe yo… el paciente… no está- dije titubeando.
-No hay problema Bella, al final siempre pasa, el siempre escapa- susurro El Doctor Cullen con tristeza.
-No se preocupe jefe, yo me encargare de encontrar a su hijo, dentro o fuera de este hospital- dije decidida, Salí por la puerta con paso firme, llegue a los casilleros y me cambie cuando estaba a punto de salir encontré a Sam Ulley, mi segundo interno.
-¡Ulley!- brinco y dio vuelta – El paciente número siete desapareció búsquelo y no se distraiga- camine tres pasos a la salida y lo apunte de forma amenazante – Y como no lo hagas yo estaré informada, vallase ¡Ya!- al igual que Jamie Sam salió disparado por la puerta…
EPOV------------
Normalmente las escapadas de los hospitales eran aburridas, pero esta fue genial, tuve que robar una ropa que es el triple de mi talla, tuve que quitarme la maldita intravenosa, escapar de los médicos y cirujanos, y salir aventado al “Punto Muerto”, Punto Muerto es el mejor lugar para contrabandear material ilícito, en su mayoría droga, y de la mejor calidad. Pasaba más tiempo allí que en mi propia casa, que era eso una casa no un hogar, solo eran cuatro paredes que a mí no me iban a retener.
Fuertes espasmos musculares me golpeaban, junto a calambres y súbitos temblores, maldecía cuando me pasaban estas cosas, no era precavido y me encontraban y siempre me llevaban a un hospital, donde siempre me escapaba, a pesar de eso había conocido la primera persona del sexo femenino que en vez de mirarme como lobo que asecha presa me miraba con ira y asco, era incomodo pero interesante la aguja del pajar, pero muy lejos de mi alcance, como yo el de ella, ella era la chica buena y yo era el músico drogadicto.
Llegue a la “taberna Oasis” el disfraz del Punto Muerto, su fachada era una taberna malhecha de ladrillos desgastados que en algún tiempo fueron rojos pero ahora eran negruzcos y llenos de grafiti, un viejo letrero en neón que decía “Oasis” que estaba tan viejo que titilaba y haberes se leía Ois entre por la maltrecha puerta, para encontrarme con el tapizado barato rojo, las paredes verdes, los desgastados muebles por todo el lugar llenos de prostitutas y alcohólicos, me dirigí a la podrida barra de madera que se mantenía en pie por unas varillas de metal improvisadas, allí se encontraba el “Barman” o mejor dicho mi amigo Joe, un viejo de cuarenta y seis años de aspecto desgarbado, prominente bigote grasiento al igual que su cabello negro, y sus ojos del mismo color con un tono amarillento.
-Pero si es Ricky- le gruñí me enojaba que me dijeran Ricky de las estúpidas películas de Ricky Ricon.-Te vez necesitado ¿eh? Toma la primera cortesía de la casa. Me extendió el polvo grisáceo empacado en un bolsita, un encendedor y un pedazo de aluminio, me dirigí a mi mesa, al fondo del lugar nadie nunca iba allí al menos que llegaran mis otros compañeros Mike, Tyler y Cody.
Me senté en la desgastada tapicería roja manchada de licor y comida, con un fuerte olor a marihuana y tabaco, tome el papel aluminio y común pedazo hice una barita para inhalar, y con el otro lo aplane como pude, abrí el sobre y coloque el polvo con cuidado sobre el pedazo aplanado de aluminio y debajo del coloque el encendedor y lo prendí, mientras inhalaba con cuidado tratando no desperdiciar ni solo un poco.
Sentí una euforia recorrer mis venas por todo mi cuerpo, respire profundo disfrutando la sensación, inhale mas, y entre mas inhalaba mas sentía aquella felicidad y paz que recorría todo mi cuerpo viajando atreves de mi sangre llenando cada célula de mi cuerpo con aquella placentera y exquisita sensación. Mi vista era un poco distorsionada aun así me levante y me fui de la taberna deambulando por las mugrientas calles de la peor zona de Seattle.
No tenía idea cuanto tiempo llevaba caminando, solo quería entregarme a aquella sensación, vi en un callejón y mugroso cabello rubio de mi mejor amigo Mike Newton, me acerque allí mientras Mike dirigía su mirada perdida a mí.
¿Que tal Edward? ¿Disfrutando el caballo?- dijo Mike claramente drogado.
Habla con nombre Newton que no hay nuevos- vocifere sentándome a su lado, Mike rio amargamente.
Cogieron a Tyler- dijo Mike – El muy estúpido le paso a un policía por enfrente con una hierba- ese era Tyler insensato como el sabia serlo. Comencé a sentir un frio recorrer mi espina y la cómoda sensación abandonarme, y mi cuerpo comenzaba a contraerse y mis músculos me dolían como mil demonios.
Mike me miro extrañado, y se dio media vuelta. Vimos unas luces y Mike susurro “mierda” y salió corriendo. Trate de levantarme pero los espasmos musculares no me lo permitían, estaba paralizada, la puta mierda pensé. Identifique un carro, un Volvo para ser exactos uno exactamente igual al que tuve en la universidad pero lo vendí para conseguir más dinero. El carro platinado tenía ventanas oscuras y apago las luces, vi una delgada pantorrilla femenina deslizarse por la puerta, y del carro bajo una de mis pesadillas.
Edward Cullen- susurro la cirujana Swan, Isabella Swan
¿Tu? ¿Qué haces aquí?- dije bastante molesto tratando ignorar la súbitas nauseas que me abordaron.
Yo estoy aquí, para que vuelvas a ese hospital y vuelvas con tu familia- dijo bastante molesta, golpeando su pie contra el piso.
Sueña Swan- dije con burla, su ceño se frunció camino hacia mí y colocó una de sus pequeñas manos en mis hombro, busco un hueco entre mi clavícula y mi escapula, no me podía mover aun maldición.
Te doy exactamente treinta segundos para que digas “acepto ir al hospital Doctora Swan” o te causare tanto dolor que en tu vida desearas no haberme conocido- dijo de forma amenazadora, me reí en su cara, ¿Quién era ella para decirme eso a mí? Nadie absolutamente nadie me decía a mí que hacer o decir, quería hacer algo para zafarme de ella pero lo único que pude hacer fue escupirle en la cara.
Su expresión era para tomarle foto, y sonreí arrogante. Sentí mi mejilla ser golpeada con fuerza. Me había abofeteado solo podía sentir el impacto de su mano contra mi mejilla escuchaba su respiración agitada. Me tomo del brazo y no sé cómo alguien tan pequeña podía tener tanta fuerza como para empujarme dentro del carro, aventó la puerta. Subió en el asiento del conductor y salió con prisa pisando el acelerador.
-Nunca más en tu miserable vida me vuelvas a faltar al respeto Cullen- dijo molesta.
-¿Qué la cirujana le asusto?- dije tentándola, piso fuertemente el freno haciendo que chocara contra un asiento.
-¿Cuál es tu problema?- dijo molesta mirándome con odio – ¿Que te tienes contra esas maravillosas personas que sufren por una basura como tú? Porque realmente no sabes lo mal que están solo por la culpa de un niño mimado como tu- bufe – claro… “yo hago lo que quiero porque quiero y no te importa para que lo quiero” ¿no? Conozco esa actitud, la actitud de falsa rudeza- me escupía las palabras en la cara.
-De aquí o que ¿a ti que te importa?- Me volvió a abofetear, ¿estaba loca?
- Me importa tu familia, pedazo de rata maloliente- dijo con furia – Ellos sufren por un estúpido como tú, ahora iremos al maldito hospital y aun que lo quieras o no, iras allá y te quedaras-
-Te odio- dije con rabia.
-Yo te desprecio Edward Cullen, no te mereces ni mi odio- susurro ella, maldita cirujana sicópata, volvió a arrancar con un chirrido de llantas. Y lo que yo llamaba mi demonio sicópata me estaba conduciendo al lo que yo llamaba mi infierno personal.
Maldito hospital, llevaba toda la tarde despierto no podía dormir ni descansar. La necesitas ahora susurro aquella voz en mi cabeza, siempre presente, como un demonio que me carcomía. Mis musculo estaban tensionados y causaban un fuerte dolor que era irritante. Las nauseas eran incesables y el maldito olor no mejoraba la situación.
-Señor Cullen, su padre ha llegado- la misma cirujana de la mañana, llego, había venido unas cuantas veces y me miraba con repugna algo que era también irritante.
-¿Que quieres?-
-El doctor Cullen llego y quiere verlo- dijo con el ceño fruncido.
-Dígale que no pase- dije dándome vuelta, pude escucharla bufar irritada.
-No hay problema Bella- escuche la voz de Carlisle detrás mío y voltee molesto.- Edward ten una mínima cordialidad con ella- dijo Carlisle podía ver la decepción y el enojo en su voz que estaba camuflado por su natural amabilidad.
-No hay problema Jefe Cullen- dijo la cirujana.
-No, si lo hay- dijo Carlisle molesto – Edward ella es la cirujana Isabella Swan, es de las mejores cirujanas en el hospital, Edward, y como tu padre te exijo que seas más amable con ella-
-Bien- dije molesto.
-Jefe Cullen no hay la necesidad – susurro Swan.
-Carlisle por favor Bella- dijo Carlisle con amabilidad, estúpida cirujana perfecta.
-¿Me puedo retirar?- pregunto ella.
-Seguro Bella- dijo Carlisle dándole una sonrisa tranquilizadora esta bajo la cabeza avergonzada y se retiro.
-No pienso hablar contigo esta vez- dijo Carlisle molesto.
-¿Y tú crees que yo sí?- dije con burla, Carlisle frunció el ceño.
-¿Qué te pasa Edward? ¿Como puedes hacerte este daño?- bufe molesto mirando a cualquier lugar menos su mirada, podía escuchar el dolor en sus palabras pero ya era muy tarde – Mírame- me ordeno y lo ignore – Te estoy hablando Edward Cullen, mírame, ¡ahora!- su voz sonó furiosa más de lo normal lo mire con la misma ira.
-En cuanto te recuperes iras aun centro de rehabilitación! lo quieras o no!-dijo Molesto, ni mierda me voy a esos loqueros.
- Estas loco si piensas que voy a permitir que me lleven a esa mierda- dije molesto.
-Lo quieras o no- escupió molesto y se marcho aferrándose al picaporte con ira.
BPOV--------------
Estaba totalmente indignada a una situación que me era totalmente ajena. Como aquel niñito caprichoso podía ser tan frio, tan insoportable, tan… desconsiderado. Esa era la palabra correcta para describir a Edward pensé asqueada, no podía evitar sentirme repugnada cada vez que lo veía.
Era guapo, pero su frialdad y falta de consideración lo hacía la peor persona que jamás había conocido, había tenido pacientes petulantes, insolentes y petulantes pero ninguno como Edward Cullen.
Había ordenado a Jamie que vigilara al “mocoso”, y me quede revisando el historial médico de Edward tendría que estar pendiente de él, estaba en su caso y no se me permitía salirme del, el hospital tenía una estricta política acerca del compromiso del cirujano a paciente, malditas reglas.
No tenía tan mala salud, unas fracturas en su niñez, le dio dengue a los nueve años, nada serio hasta los dieciséis donde fue internado tres veces en clínicas de rehabilitación en Chicago, hubo varias clínicas de rehabilitación durante los siguientes diez años. Oh, Edward Cullen tenía mi misma edad, que desagradable coincidencia, camine hasta su habitación, me sorprendió encontrar la puerta entreabierta.
Nada, fue lo que vi cuando entre a su cuarto, nada más que la habitación con los implementos, el equipo médico y la camilla, respire profundo.
-¡Stevens!-grite con fuerzas, en un minuto Jamie estaba dentro con clara expresión de horror y confusión, miro la camilla y me miro con miedo - ¡Quiero saber donde está el paciente!- dije con furia.
-Yo…-dijo Jamie titubeando – fui a comer algo Doctora Swan y…-
-¡Desapareció como si nada! ¡Sabes cuantos problemas vamos a tener que lidiar si no encuentras a ese paciente!- dije masajeándome las sienes – Quiero que busques al paciente, yo me encargare de informarle al jefe y de buscar a Ulley para que también busque a el paciente- dije bastante molesta, Jamie se quedo estático ante mi furia - ¡Ya!- salió disparado por la puerta cuando me di vuelta encontré al mismo Doctor Cullen.
-Jefe yo… el paciente… no está- dije titubeando.
-No hay problema Bella, al final siempre pasa, el siempre escapa- susurro El Doctor Cullen con tristeza.
-No se preocupe jefe, yo me encargare de encontrar a su hijo, dentro o fuera de este hospital- dije decidida, Salí por la puerta con paso firme, llegue a los casilleros y me cambie cuando estaba a punto de salir encontré a Sam Ulley, mi segundo interno.
-¡Ulley!- brinco y dio vuelta – El paciente número siete desapareció búsquelo y no se distraiga- camine tres pasos a la salida y lo apunte de forma amenazante – Y como no lo hagas yo estaré informada, vallase ¡Ya!- al igual que Jamie Sam salió disparado por la puerta…
EPOV------------
Normalmente las escapadas de los hospitales eran aburridas, pero esta fue genial, tuve que robar una ropa que es el triple de mi talla, tuve que quitarme la maldita intravenosa, escapar de los médicos y cirujanos, y salir aventado al “Punto Muerto”, Punto Muerto es el mejor lugar para contrabandear material ilícito, en su mayoría droga, y de la mejor calidad. Pasaba más tiempo allí que en mi propia casa, que era eso una casa no un hogar, solo eran cuatro paredes que a mí no me iban a retener.
Fuertes espasmos musculares me golpeaban, junto a calambres y súbitos temblores, maldecía cuando me pasaban estas cosas, no era precavido y me encontraban y siempre me llevaban a un hospital, donde siempre me escapaba, a pesar de eso había conocido la primera persona del sexo femenino que en vez de mirarme como lobo que asecha presa me miraba con ira y asco, era incomodo pero interesante la aguja del pajar, pero muy lejos de mi alcance, como yo el de ella, ella era la chica buena y yo era el músico drogadicto.
Llegue a la “taberna Oasis” el disfraz del Punto Muerto, su fachada era una taberna malhecha de ladrillos desgastados que en algún tiempo fueron rojos pero ahora eran negruzcos y llenos de grafiti, un viejo letrero en neón que decía “Oasis” que estaba tan viejo que titilaba y haberes se leía Ois entre por la maltrecha puerta, para encontrarme con el tapizado barato rojo, las paredes verdes, los desgastados muebles por todo el lugar llenos de prostitutas y alcohólicos, me dirigí a la podrida barra de madera que se mantenía en pie por unas varillas de metal improvisadas, allí se encontraba el “Barman” o mejor dicho mi amigo Joe, un viejo de cuarenta y seis años de aspecto desgarbado, prominente bigote grasiento al igual que su cabello negro, y sus ojos del mismo color con un tono amarillento.
-Pero si es Ricky- le gruñí me enojaba que me dijeran Ricky de las estúpidas películas de Ricky Ricon.-Te vez necesitado ¿eh? Toma la primera cortesía de la casa. Me extendió el polvo grisáceo empacado en un bolsita, un encendedor y un pedazo de aluminio, me dirigí a mi mesa, al fondo del lugar nadie nunca iba allí al menos que llegaran mis otros compañeros Mike, Tyler y Cody.
Me senté en la desgastada tapicería roja manchada de licor y comida, con un fuerte olor a marihuana y tabaco, tome el papel aluminio y común pedazo hice una barita para inhalar, y con el otro lo aplane como pude, abrí el sobre y coloque el polvo con cuidado sobre el pedazo aplanado de aluminio y debajo del coloque el encendedor y lo prendí, mientras inhalaba con cuidado tratando no desperdiciar ni solo un poco.
Sentí una euforia recorrer mis venas por todo mi cuerpo, respire profundo disfrutando la sensación, inhale mas, y entre mas inhalaba mas sentía aquella felicidad y paz que recorría todo mi cuerpo viajando atreves de mi sangre llenando cada célula de mi cuerpo con aquella placentera y exquisita sensación. Mi vista era un poco distorsionada aun así me levante y me fui de la taberna deambulando por las mugrientas calles de la peor zona de Seattle.
No tenía idea cuanto tiempo llevaba caminando, solo quería entregarme a aquella sensación, vi en un callejón y mugroso cabello rubio de mi mejor amigo Mike Newton, me acerque allí mientras Mike dirigía su mirada perdida a mí.
¿Que tal Edward? ¿Disfrutando el caballo?- dijo Mike claramente drogado.
Habla con nombre Newton que no hay nuevos- vocifere sentándome a su lado, Mike rio amargamente.
Cogieron a Tyler- dijo Mike – El muy estúpido le paso a un policía por enfrente con una hierba- ese era Tyler insensato como el sabia serlo. Comencé a sentir un frio recorrer mi espina y la cómoda sensación abandonarme, y mi cuerpo comenzaba a contraerse y mis músculos me dolían como mil demonios.
Mike me miro extrañado, y se dio media vuelta. Vimos unas luces y Mike susurro “mierda” y salió corriendo. Trate de levantarme pero los espasmos musculares no me lo permitían, estaba paralizada, la puta mierda pensé. Identifique un carro, un Volvo para ser exactos uno exactamente igual al que tuve en la universidad pero lo vendí para conseguir más dinero. El carro platinado tenía ventanas oscuras y apago las luces, vi una delgada pantorrilla femenina deslizarse por la puerta, y del carro bajo una de mis pesadillas.
Edward Cullen- susurro la cirujana Swan, Isabella Swan
¿Tu? ¿Qué haces aquí?- dije bastante molesto tratando ignorar la súbitas nauseas que me abordaron.
Yo estoy aquí, para que vuelvas a ese hospital y vuelvas con tu familia- dijo bastante molesta, golpeando su pie contra el piso.
Sueña Swan- dije con burla, su ceño se frunció camino hacia mí y colocó una de sus pequeñas manos en mis hombro, busco un hueco entre mi clavícula y mi escapula, no me podía mover aun maldición.
Te doy exactamente treinta segundos para que digas “acepto ir al hospital Doctora Swan” o te causare tanto dolor que en tu vida desearas no haberme conocido- dijo de forma amenazadora, me reí en su cara, ¿Quién era ella para decirme eso a mí? Nadie absolutamente nadie me decía a mí que hacer o decir, quería hacer algo para zafarme de ella pero lo único que pude hacer fue escupirle en la cara.
Su expresión era para tomarle foto, y sonreí arrogante. Sentí mi mejilla ser golpeada con fuerza. Me había abofeteado solo podía sentir el impacto de su mano contra mi mejilla escuchaba su respiración agitada. Me tomo del brazo y no sé cómo alguien tan pequeña podía tener tanta fuerza como para empujarme dentro del carro, aventó la puerta. Subió en el asiento del conductor y salió con prisa pisando el acelerador.
-Nunca más en tu miserable vida me vuelvas a faltar al respeto Cullen- dijo molesta.
-¿Qué la cirujana le asusto?- dije tentándola, piso fuertemente el freno haciendo que chocara contra un asiento.
-¿Cuál es tu problema?- dijo molesta mirándome con odio – ¿Que te tienes contra esas maravillosas personas que sufren por una basura como tú? Porque realmente no sabes lo mal que están solo por la culpa de un niño mimado como tu- bufe – claro… “yo hago lo que quiero porque quiero y no te importa para que lo quiero” ¿no? Conozco esa actitud, la actitud de falsa rudeza- me escupía las palabras en la cara.
-De aquí o que ¿a ti que te importa?- Me volvió a abofetear, ¿estaba loca?
- Me importa tu familia, pedazo de rata maloliente- dijo con furia – Ellos sufren por un estúpido como tú, ahora iremos al maldito hospital y aun que lo quieras o no, iras allá y te quedaras-
-Te odio- dije con rabia.
-Yo te desprecio Edward Cullen, no te mereces ni mi odio- susurro ella, maldita cirujana sicópata, volvió a arrancar con un chirrido de llantas. Y lo que yo llamaba mi demonio sicópata me estaba conduciendo al lo que yo llamaba mi infierno personal.

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